ABRIGO Y DESTINO.

¿En dónde refugiarte si no es en ti mismo?,
¿en dónde guarnecer tus aspiraciones
si no es en tus propias ilusiones?,
¿a dónde retirarte si no es a tus recónditos deseos?,
¿en dónde descansar si no es en tu propia soledad?,
¿cómo sobrevivir a la implacable y angustiante competencia
si no es reencontrando tu sentido existencial
para vivir con serenidad?

¿Cuánto has cumplido de las tareas de tu vida
para reiniciar otra etapa existencial?,
cómo saberlo:
¿cuándo tus caminos se toparon con el final,
en el que ya no pudiste hacer más?,
¿cuándo lo que te correspondía llegó hasta donde tuvo que llegar,
por tu circunstancia y la de los demás, para bien o para mal?

Entonces lo tuyo es un nuevo espacio que tienes que llenar.
Ese vacío que te es familiar:
el paisaje, el barrio transitado,
la calle andada, la casa habitada, el soleado patio,
los pensamientos reiterativos, las charlas iniciadas,
los hábitos encumbrados, los deseos postergados
y los sueños reconstruidos a raíz de cada caída.
Ese espacio hay que llenarlo con pocas cosas.
Cosas que están a la mano:
memoria, naturaleza, contemplación, reflexión
y comprensión a tu condición.

Avizorar el final,
no significa quemar las naves de la ilusión,
solo entender que todo tiene que acabar.

Más lo que resta de vida se tiene que congeniar
con aquello que te de serenidad, creatividad,
que te permita disfrutar y aceptar
la última etapa de tu andar.

Junio del 2006. Guadalajara, Jalisco.


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