AGAVE AZUL.

De aquella cordillera de suaves laderas,
hondos barrancos y peligrosos despeñaderos,
la madre tierra su lava ardiente arrojó
y un tanto de volcanes brotó,
expulsando su incandescente magma
que en esencia de vida se tornó.

El cielo de nubes grises, negras y rojizas se vistió,
las que lentamente su riqueza,
en forma de ceniza, en la tierra depositó.
Al pasar los siglos su furia aplacó
y generosamente aquella energía
en savia se transformó.

De ahí surgió una estrella vegetal:
Estrella azul verde,
que apuntando al firmamento
enfiló sus angulosas pencas,
cual si quisiera rasgar el aire, las nubes y el cielo,
mas su deseo eran los rayos de oro atrapar
y su fuego dárnoslo a degustar.

Sus raíces se aferraron a la tierra
para sabiamente sintetizar:
los rayos de luz solar,
la fertilidad del suelo
y el llanto de las nubes en su navegar.

Su fruto, un elixir que fundió:
energía solar,
don de la fertilidad
y el líquido vital.

Savia, aire, tierra, agua y calor,
hombre, historia, trabajo y tradición
se mezclaron para darnos lo mejor:
bravura de sabor,
suavidad en el paladar
y relajamiento espiritual.
¡Ese es mi tequila al natural!
Septiembre del 2006. Guadalajara, Jalisco.


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