CASA RENTADA.

Eran puertas indefensas
que mal resguardaban la pobreza.
Eran paredes carcomidas por los años,
el salitre y el descuido.

Eran cuartos que albergaban la familia amontonada,
la tristeza esparcida,
el hambre encubierta,
la esperanza eludida
y el miedo al mañana.

Eran cuartos de adobe y bóveda catalana
en donde también se jugaba, soñaba
y agradecía cada nuevo día.

Era péndulo entre el todo y la nada,
luz y sombra,
equilibrio y desquicio,
vergüenza y decoro,
refugio y tormento.

De esa casa salía la risa, el llanto,
el rezo, el dolor,
la amenaza, la promesa,
la desesperación, la pena,
el ayer, el hoy, el mañana.

Era la vasija en donde se mezclaban
sentimientos y emociones encontradas,
que como aliciente y freno
se desempeñaba entre quienes ahí vivían.
Era casa rentada,
como la vida,
la incertidumbre al mañana,
el inescrutable destino
y la ley de la vida:
no eres hacedor de lo que te aguarda,
es tan solo ilusión,
que se puede volver nada.

Noviembre del 2006. Guadalajara, Jalisco.


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