Aug 23 2010

CINE DE MI PUEBLO.

Al mediodía del domingo,
se rompe el rumor del trajín pueblerino,
un destartalado carro de sonido
se desgañita anunciando:
función de estreno, función de cine.

Grita el improvisado locutor:
¡Hoy, hoy, solamente hoy
a las ocho y media de la noche,
el Cine Mexti presenta:
El Regreso del Jinete si Cabeza,
un desenlace que no se puede perder!.

En la vieja plaza de toros,
de trazo octagonal,
a punto está de iniciar la función dominical.

Los asistentes esperan con ansiedad,
los mayores en sus sillas,
que por veinticinco centavos acaban de rentar,
los que quieren ahorrar,
a las frescas gradas de cantera se van a sentar
y los niños a medio ruedo se van.

Mientras la hora llega los niños no dejan de jugar,
los jóvenes especulan sobre el final
y los adultos hablan del temporal.

Las mujeres, envueltas en sus rebozos,
no dejan de escuchar y de mirar.

La pantalla hecha de sábanas,
sujeta a dos morillos,
espera a cielo abierto las ráfagas de luz
que abran el túnel del tiempo y la fantasía,
transportando a los presentes
a mundos que les permiten vivir su sueño.

La duración de la proyección es tiempo de fuga,
escape de la realidad,
de conjeturar lo peor y aspirar a lo mejor,
de cobrar afrentas,
de darse lujo con lo que para ellos es prohibitivo,
de aproximarse a lo inconcebible e inconfesable.

Esta noche, en medio de un cielo estrellado,
verán el desenlace tan esperado.
El héroe, un charro cantor,
diestro en el arte de vengar a los pobres,
castigar a los malvados,
salvar a las mujeres,
restablecer la ley.

Corre la película,
mas no corre parejo,
pues el viejo aparato de proyección interrumpe la función
al quemarse la cinta con su calor.

Esos involuntarios intermedios aprovechados son
por los niños que entre gritos, brincos y bullicios reviven la emoción.

La película acaba entre lágrimas de mujer y aplausos de la chiquillada.

Concluida la función salimos como en procesión,
uno tras otro,
llevando a la cama la trama de la función.

Para los niños los héroes viven mucho más.

Durante meses, al caer la tarde,
el Jinete sin Cabeza en ellos renacerá y así,
entre gritos y balazos,
rendidos en los brazos de la noche caerán.

Otros y otros años llegaron
y ninguno para quedarse,
todos se fueron de paso
y con ellos nuevas películas,
protagonistas, gustos y espectadores.

Los niños se hicieron adultos mayores
El cine se mudó a un lugar cerrado.

La modernidad sepultó aquel cine singular.

Cine bajo las estrellas,
la noche,
la luna,
la lluvia,
el viento
y las estrellas fugaces, que como tizones rayaban la eternidad.

Al regresar a mi pueblo veo el viejo portón
y los años idos me invitan a pasar,
al ingresar, aludes de recuerdos me toman por asalto.

Los rostros de la chiquillada salen a saludar,
los veo y me veo entre ellos,
los puedo oír y mi voz me parece escuchar
y les pregunto qué han hecho de su vida
o si hay un más allá.

Unos vivos otros muertos,
unos en la memoria otros en el olvido,
unos que se fueron para jamás volver,
como se va el tiempo, la infancia,
la juventud y el cine de mi ayer.

Otros por aquí andamos
extrañando el asombro, el arrojo,
la fraternidad y la imaginación que solíamos tener,
que para el colmo también se fue,
Solo nos queda retener los sueños que sobreviven al desengaño de los años:
ahora se espera al que se fue
o retener lo que se consiguió,
se añora la salud de antaño,
se busca lo que la erosión del vivir desgastó,
deseamos lo que años atrás tuvimos a raudales:
tiempo, ganas de vivir y un futuro por construir.

Cuando pienso en esto me siento desprendido de mi cuerpo,
elevado por un remolino de sentimientos
que tiene en su centro un vacío,
que me regala la sensación de estar suspendido
entre ayer y el hoy,
viendo la película de mi vida,
absorto, como un espectador más
que espera el fin,
su fin,
como el de las películas.

Mayo del 2005. Guadalajara, Jalisco.


Aug 23 2010

VENTANITAS.

Ventanitas pueblerinas
que no dejan de mirar,
ventanitas que dejan poco a poco el bullicio entrar
de las gentes y las bestias en su andar.

Ventanitas por donde furtiva ingresa la luz
que se pierde en la grisura del adobe
y la entereza de sus moradores.

Ventanitas por las que escapa el canto esperanzador,
el rezo de resignación,
el llanto de la leña
y el crujir de las llamas.

Ventanitas de ranchos y caseríos
que se niegan cerrar sus ojos
y sus hojas remachar
para dejar de hablar,
pues tienen mucho que testimoniar,
del México rural que se nos va.

Ventanitas de madera,
carcomidas por el tiempo
de extraña estética por su antigüedad.

Ventanitas que retratan la pobreza de sus dueños,
la timidez de sus mujeres,
su extrañeza a lo ajeno,
la querencia a su suelo
y el poco espacio que a la esperanza
y a lo nuevo dejan.

Agosto del 2005. Acasico, Jalisco.


Aug 23 2010

PUERTA TAPIADA.

Un pasado clausurado
y un futuro que mudó.

Un sueño hipotecado
y un mañana que se olvidó.

Los caminos de la vida
en el pueblo se angostaron,
las esperanzas se marchitaron
y los recuerdos
…bueno, a esos los sepultaron.

Marzo del 2005. Mexticacán, Jalisco.


Aug 23 2010

RANCHO OLVIDADO.


Abandonadas las casas
una tras otra se fueron rindiendo al peso de la tristeza,
a la erosión del olvido
y al deslave de la soledad.

Bajo sus escombros,
hay una historia familiar,
a la que si prestas atención
te hablara de sueños y desencantos
y una promesa de volver no cumplida.

Los que se fueron hablaron de una mejor vida,
sin tanto trabajo
y mayor compensación,
un mundo donde los sueños eran realidad,
podías comprar, tener y hasta regalar,
sólo tu tierra debías abandonar.

Y una nueva oleada de hombres se alejó
y tras ellos otra y otra.

No los culpes, rancho viejo,
aunque los hayas visto nacer,
todos los hombres buscan su destino,
en donde les resulta más fácil su camino.

¿Quién quiere sufrir,
quién quiere languidecer o padecer?,
por ser fieles a sus muertos que aquí enterraron,
a los ancianos que abandonaron,
a la historia personal que de tajo cambiaron
o esas lomas pardas y hurañas
que año tras año sembraron,
con las que temporal tras temporal pelearon.

Los niños conforme crezcan ya los alcanzarán,
las mujeres trabajarán
y a los ancianos cuidarán.

El regreso vive siempre en la mente de quien se fue,
pero tendrá que ser un regreso triunfal:
con dólares y camioneta,
ropa vaquera y un acento agringado al hablar.

Con mucho de que platicar,
más espero que regrese,
cuando todavía le quede alguien a quien presumir,
pues su rancho está por morir.

Octubre del 2004. Mexticacán, Jalisco.


Aug 23 2010

CHICHARRA

La chicharra con su rezumbar,
la lluvia se pone a llamar.

Desde el tepame o el mezquite, le da igual,
lo importante es que sus alas y patas
el cielo taladren con su raspar.

Sonido agudo y profundo,
que busca a las nubes hacer llorar.

El agua hace falta,
la sequía urge parar.

El agua que implora es para los demás:
la tierra reseca no se deja arar,
los coyotes lamiendo el lodo están,
el ganado flaco muestra la fiereza de un mal temporal,
el pasto y la maleza se niegan a resistir más,
las lenguas de fuego amenazan con llegar
y el suelo ver arder junto con el sol al caer.

Ocaso rojo, amarillo y naranja será
el color de un triste atardecer,
que entre columnas de humo
lo poco que queda se podría perder.

Chicharra no dejes de invocar,
que es tú oficio natural.

La lluvia es tu dios,
los nubarrones tu templo,
tu canto ofrenda,
tu ruego es por la vida,
tu fruto:
la tormenta divina,
¡oh chicharra sacerdotisa!

Junio del 2005. Guadalajara, Jalisco.


Aug 23 2010

EL RECUERDO.

De su cocina ya no salen los murmullos,
ni los ricos olores
o el humo del fogón.

En su patio no hay macetas con claveles en botón,
ni jaulas con cenzontles o gorriones,
los frutales se secaron, las risas silenciaron.

De las ramas del mezquite ya no cuelgan los columpios,
ni el rastrojo en su copa se ve guardar.

Sus puertas derribadas están,
con sus dos hojas caídas,
como brazos extendidos,
en señal de llevar una herida mortal.

Sus ventanas no alcahuetean más
e indiferentes son a la entrada de la luz
o al cobijo de la noche,
al silbido del viento o al azote de la lluvia.
El yugo, el timón y el arado
cubiertos de tierra están,
pero eso no importa ya,
pues no habrá quien unza los bueyes más.

La canasta piscadora
y la piedra de desgranar tirados en el piso están,
pero eso a quien le puede importar
si la semilla en el surco ya no sembrarán.

Julio del 2004. Mexticacán, Jalisco.


Aug 23 2010

DEJOS DE TRISTEZA.

A tanto caserío abandonado en el campo mexicano.

Sueños con pies de adobe.
Adobe que no reblandece el agua,
sino el abandono de la ilusión que los formó.

Por la puerta y la ventana salieron los recuerdos,
tras los pasos de sus dueños,
que ya no quisieron saber mas de ellos.

Agosto del 2004. Mexticacán, Jalisco.


Aug 23 2010

OCASO EN LLANO.


El sol se oculta en los montes,
las nubes se visten de gala,
las copas de los árboles despiden los rayos del sol,
las chicharras con sus cantos reciben el velo de la oscuridad,
la vaca muge llamando al becerro,
las ranas croan buscando consuelo,
el coyote aúlla citando a la luna,
el perro ladra al oír a su amo,
el ranchero le suspira a las nubes
los truenos contestan,
los relámpagos confirman
y el viento fresco
todo lo anima,
caen unas gotas
y tras ellas el aguacero,
lo que agradece el rancho entero,
después de estar sin agua desde enero.

Julio del 2004.Mexticacán, Jalisco.


Aug 23 2010

PUEBLO DESANGRADO.

Sólo el eco quedó,
como testimonio de que el pueblo vivió.
Eco que aún retumba entre sus calles, bardas, tapias y paredes.

En ese retumbar de palabras y sonidos,
entre la piedra, el adobe y el ladrillo,
se escuchan voces que gimen su desconsuelo
o cantan su desventura.

Voces huecas,
huérfanas de dueño y destinatario,
voces que claman el retorno de los tiempos idos,
que piden con voz palpitante el regreso de sus hijos,
porque la tierra, el arado, el temporal
y ese cielo que los vio nacer,
quieren sentir otra vez
la pisada fuerte,
la mano firme,
la semilla fértil,
el saludo agradecido
y la cosecha de un renacer.

Pero el eco, eco es:
solo un sonido del ayer.

Acacico, Mexticacán, Jalisco. Diciembre del 2003.


Aug 23 2010

CALLES DEL OLVIDO.

Calles por las que transita la melancolía,
acompañada de la soledad y espera.

Calles en las que hace tiempo cerraron puertas y ventanas,
pues no tienen a quien recibir,
ni con quien hablar
o a quien alojar.

Banquetas que ensordecieron
y enmudecieron sin el paso de los señores,
las prisas de las mujeres,
la algarabía de los novios
y las carreras de los niños.

Pueblos que se desangraron con cada mala cosecha,
cada carretera abierta,
cada adelanto de la ciudad,
el traslado del futuro al norte
y a la modernidad.

Casas que año con año se fueron quedando solas,
sin más calor que albergar
ni sueños que alimentar,
ni familias que proteger.

Pueblos en los que el hastío,
el silencio sepulcral y la pobreza
reclamaron su lugar.

¿En dónde están tus hijos

y los hijos de sus hijos?,
¿qué calles caminarán,
en qué casas vivirán
y en qué comunidades desbordarán
trabajo, ilusión y alegría?.

Se fueron hace tanto tiempo que la pista perdiste ya.
Mientras tanto
casa, calle y pueblo
despójense de ese velo sombrío.

Su futuro está mudado
y solamente pasado, olvido
y una vieja promesa de retorno serás.

Resígnate a morir en la memoria de los ausentes,
con la dignidad de un pueblo decente.

Y vive para aquellos
que de pie te sostienen,
aunque sean los que menos tienen.

Diciembre del 2004. Mexticacán Jalisco.