CHICHARRA

La chicharra con su rezumbar,
la lluvia se pone a llamar.

Desde el tepame o el mezquite, le da igual,
lo importante es que sus alas y patas
el cielo taladren con su raspar.

Sonido agudo y profundo,
que busca a las nubes hacer llorar.

El agua hace falta,
la sequía urge parar.

El agua que implora es para los demás:
la tierra reseca no se deja arar,
los coyotes lamiendo el lodo están,
el ganado flaco muestra la fiereza de un mal temporal,
el pasto y la maleza se niegan a resistir más,
las lenguas de fuego amenazan con llegar
y el suelo ver arder junto con el sol al caer.

Ocaso rojo, amarillo y naranja será
el color de un triste atardecer,
que entre columnas de humo
lo poco que queda se podría perder.

Chicharra no dejes de invocar,
que es tú oficio natural.

La lluvia es tu dios,
los nubarrones tu templo,
tu canto ofrenda,
tu ruego es por la vida,
tu fruto:
la tormenta divina,
¡oh chicharra sacerdotisa!

Junio del 2005. Guadalajara, Jalisco.


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