EN LA IGLESIA.

Qué temores cargas que te orillan a implorar piedad,
cuanta es la incertidumbre que te acecha,
que tanto es el perdón que necesitas, el castigo mereces,
cuanta la penitencia que has de cumplir para dejar de sufrir.

Qué te aflige para doblar tu cuerpo,
hincarte y extender los brazos en señal de rendición,
de implorar clemencia y comprensión.
Qué es lo que encuentras:
¿a ti mismo, certeza a tus dudas,
la serenidad perdida,
piedad de lo que consideras sagrado o
acallas las voces que te incendian por dentro?

¿Es aquí dónde le asignas valor a tu conciencia,
al dolor, al sacrificio,
a la vida y a la muerte
sin más moneda de cambio
que el asumir una actitud por un momento congruente?
¿Buscas conciliar lo moral con tu mundo real,
tu hacer con el deber ser?

Es entrar para sentirte menos
de lo que sueles pregonar que vales,
para mostrar respeto y humildad,
para darle valor a lo que se lo quitaste,
bajar la prisa, la voracidad por la vida,
para recordar que eres mortal
y las peores circunstancias temes te puedan esperar.

¿Qué es lo que vas a pedir que la ciencia,
la sociedad, tu familia no te pueden dar
o tú no puedes alcanzar,
qué es lo que vas a prometer,
qué es lo que vas agradecer?

Agosto del 2006. Segovia, España.


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