IRA.

La rabia aflora,
la ira asoma,
el malestar se esparce,
los pensamientos se congestionan,
el cuerpo se traba,
los sueños se desploman,
la realidad se impone.

La destrucción llama,
la venganza clama.

Todo por la impotencia de no poder cambiar lo que enturbia,
perturba,
molesta.

La culpa no está en lo que recibes,
sino en lo que esperas,
no está en quien ofende,
sino en quien se da por ofendido,
no está en quien busca hacer daño emocional,
sino en quien lo hace suyo.

Esperas lo que no te quiere dar,
aspiras a un lugar que en sus sentimientos nunca tendrás,
demandas un tiempo al que no se quiere ajustar,
buscas un lugar que por su menosprecio no te puede entregar.

Apariencias, formalidades,
minutos ocasionales,
pláticas eventuales eso es lo normal.

Buscas cambiar lo que no es posible
porque no tiene voluntad,
mejor busca en otro lugar,
aquello a lo que no estás dispuesto a renunciar.

Olvida el rencor
y propicia tu reconciliación,
deja al odio y busca tu aceptación.

En ti,
dentro de ti esta la solución,
el olvido, el perdón, el cambio.
El único cambio al que puedes aspirar:
al tuyo.

No esperes tiempo de las horas muertas,
palabras cuando todo está dicho,
comprensión en medio de la ofuscación,
luz de la oscuridad,
pasión del rencor,
reconocimiento de la hurañez,
altura de trato en la en la pequeñez de espíritu.

Solo hay que sembrar y cosechar,
ignorar y atender,
sepultar y renacer.

Hablo de los sentimientos propios y ajenos,
de relaciones y rupturas,
del ayer y el hoy,
del hoy y el mañana,
de la ira como un negro amanecer.

Septiembre del 2005. Guadalajara, Jalisco.


Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.