LA NIÑA DE APARADOR EN MUJER SE TRANSFORMÓ.

Los reveses de la vida a mirarse frente al espejo del alma la llevaron.
Sorprendida quedó de lo que vio:
superficialidad, inseguridad y autoengaño.

Sintió que algo no marchaba bien,
le sucedían cosas que se suponía no debían pasarle,
pues pensaba que lograba lo que anhelaba.

Mas la vida porfiaba en contradecirla,
en hacer añicos la imagen que para sí
y el consumo de los otros creaba.
Vino el derrumbe de su mundo interno.
Mundo de ensueños y apariencias.
Se vino abajo lo que construyó en el aire,
lo que concibió como verdad.
Se fue el amor del cuento de hadas,
se cuestionaron los atractivos de apariencia,
los amigos de conveniencia.

Se negaron las oportunidades,
el éxito se escondió,
los fracasos se hicieron presentes.

La vida ya no se vio fácil,
no bastaba un rostro lindo,
el buen gusto en el vestido
o el contar con amigos;
el reto era más complejo que ver la vida como pasarela.

Era hora de madurar, de probarse,
de medirse con el mundo real,
no con el de miel y pastel
o el de castillos de cristal en su imaginación.

Era el momento de aceptar el peso de la realidad
y pagar las facturas que cobra la cotidianidad.
De entender que eres y vales
por lo que sabes, haces, sientes y tienes.
Que cada vez que te mires al espejo de la vanidad
te debes ver por igual en el espejo de la sinceridad.

Una buena dosis de humildad a aquella niña no le vino mal.
Humildad que no solo supo acatar,
sino de buena manera aceptar.
La humildad de ganarse el pan,
de trabajar bajo la presión de la competitividad,
de buscarse y encontrarse para bien o para mal,
de distinguir la falsedad de la verdad,
el saber de su valer
y de atenerse al criterio de su voluntad.

El miedo a fracasar, a la soledad,
a la ausencia del calor familiar,
a la distancia, a lo radical del cambio emocional,
a un mundo de competitividad,
de frágiles y transitorios lazos sentimentales
le hicieron sentir que se podía hundir,
mas la determinación por cambiar
la llevaron a luchar entre lágrimas de niña y coraje de mujer.

Después de sentirse mil veces desmoronar
y mil veces volverse a levantar,
su reto cumplió a cabalidad.
Ya no la pueden ver como niña presuntuosa y mimada,
como la joven fashion y medio alocada,
sin valor para enfrentar y sostener su destino.
Ya no es niña fresa
ahora es mujer hecha y derecha.
Septiembre  del 2006. Guadalajara, Jalisco.


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