LOS AÑOS Y LOS DESENGAÑOS.

Hablo con cierto desgano,
respiro con parsimonia,
camino con lentitud,
subo con pesadez,
bajo con precaución,
siento pasar la cotidianidad
cual mil veces vista.

Las dificultades me generan abulia,
lo superfluo me satura de desgano,
mi rostro y mi cuerpo se desconocen frente al espejo,
la ambición por tener no me mueve a nada,
la competencia se acabó,
sólo atiendo a mi historia y circunstancia personal,
el infinito me ubicó,
ahora hago lo que me da sentido
con su tiempo, movimiento e interés.

El que se puedan molestar por mi actuar me da igual,
ya no importa el que dirán,
ni aún de los que junto a mi están,
lo más y lo menos me parece irrelevante,
casi todo me resulta trivial.

Sólo importa la próxima respiración,
el siguiente paso, mirada, palabra,
aliento, expresión, apreciación,
risa, disfrute o reflexión.

Lo que tenía valor se devalúo,
lo que era prioritario se esfumó,
los intereses cambiaron,
el orden de las cosas también,
lo que estimaba no sé donde quedó,
lo que me preocupaba se hundió.

Todo cambió por la aceptación de una realidad
que pesó más que la ilusión.

Más no considero que fuera para mal,
sino mucho bien dejó:
me libró de tanta atadura y formalidad.

Se acabaron las torres de marfil,
las quimeras doradas,
las ilusiones de algodón,
las alegrías de por vida compartidas,
los cuentos con final feliz.

Ahora todo me parece desahogado,
aplazado, distante, ajeno: pero real.

Sólo concluir el día y amanecer
son dignos de consideración,
al igual que satisfacer mi íntima sed de expresión.

Lo que capto, digo, siento, plasmo
no tiene más pretensión
que dejarme ver cual soy.

Mayo del 2006. Guadalajara, Jalisco.


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