MANOS.

Le ataron las manos para que no escribiera,
no creara, no se sublevara,
no estrechara a otras manos,
no señalara el camino
más eso fue en vano,
por eso se las encadenaron.

Sin importar el peso y frío del metal,
con mayor esfuerzo y dolor
las manos prosiguieron su labor:
abrían caminos, sembraban ideas,
esculpían, pintaban, fundían, cosechaban sueños,
no dejaban de realizarse.

Eso encolerizó a los enemigos de la vida,
la libertad y la imaginación.
Por ello decidieron clavarlas contra la pared
y encerrarlas tras las rejas de la prisión.
Resistiéndose a morir,
las manos palparon las paredes de su celda
y con la sangre que de ellas emanaba,
escribieron su irrenunciable convicción:
el hombre, nació para ser libre.

Agosto del 2006. Ávila, España.


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