NACIÓ Y MURIÓ.

Las vidas quedaron lacónicamente sintetizadas
en un nombre y dos fechas grabadas:
nació y murió.

Los símbolos ocuparon el sentido de la vida:
cruces, pebeteros, columnas truncadas, ángeles
o simplemente: “en paz descanse”.
Todo expresando consternación,
serenidad, distancia, olvido.

Algunas de aquellas tumbas agregaban una palabra
que definía la ruta de aquella vida:
educador, patriota, filántropo, creyente, esposo.

En donde no había virtud o mérito
o la humildad con la muerte se llevaba,
la lápida callaba,
sin más números y letras que las estrictamente necesarias:
Nació y murió.

Agosto del 2006. Londres, Inglaterra.


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