PESCA CITADINA.

Salí a pescar en el velero de mi alma
por la mar de la ciudad
entre olas de deseo,
indiferencia, interés
y necesidad también.

Lancé el anzuelo con la carnada de la compañía
y el calor que acaban con la soledad del día.

En el primer intento no tuve suerte,
ni en la semana, ni en el mes siguiente,
fue hasta días después que el cordel se tensó
en señal de que la promesa llegó.

Lentamente la piola en la confianza enredé,
parar acercar y acerarme a quien me encontré.
Con cada encuentro me preguntaba
será amor de días o el de mis días.

Con cada palabra, mirada, ademán, sonrisa
las aguas de la duda se serenaban,
se hacían más claras
y los vientos amainaban.
La vi y me vio como queríamos ser vistos:
sin posturas, ni artificios.
La invite a embarcarse al velero de los sueños
y a elaborar la carta de navegación
para encontrar la alegría de existir.
Impulsados por el aliento de vivir
recorrimos a todo viento, cielos, mares,
caminos, ríos, desiertos, ciudades y valles
con la esperanza de no caer condenados
en el delito de vivir sólo para respirar.

Fue la edad,
las lecciones que nos dio la vida,
la frustración sufrida
y el temor a morir infelices
lo que nos rescató
del naufragio existencial.
Noviembre del 2006. Guadalajara, Jalisco.


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