PETRIFICADOS.

Se fue filtrando el veneno de su actitud aviesa
hasta llenar el espacio en que cobraban vida.
No se conformó con anegar sus corazones,
buscó impregnar cada poro, cada mirada,
palabra o expresión corporal dada.
Han pasado los años
y el sedimento formado por aquel odio
es de tal espesor
que ha petrificado a los dos.
Ahora insensibles permanecen
a la tristeza o a la alegría,
a lo propio y lo ajeno,
lo cercano y lo distante,
el ayer y el hoy.
Solo queda el silencio,
la mirada perdida
y el grito adolorido
de dos almas muertas en vida.
Agosto del 2006. Atlanta, Estados Unidos.


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