PUEBLO DESANGRADO.

Sólo el eco quedó,
como testimonio de que el pueblo vivió.
Eco que aún retumba entre sus calles, bardas, tapias y paredes.

En ese retumbar de palabras y sonidos,
entre la piedra, el adobe y el ladrillo,
se escuchan voces que gimen su desconsuelo
o cantan su desventura.

Voces huecas,
huérfanas de dueño y destinatario,
voces que claman el retorno de los tiempos idos,
que piden con voz palpitante el regreso de sus hijos,
porque la tierra, el arado, el temporal
y ese cielo que los vio nacer,
quieren sentir otra vez
la pisada fuerte,
la mano firme,
la semilla fértil,
el saludo agradecido
y la cosecha de un renacer.

Pero el eco, eco es:
solo un sonido del ayer.

Acacico, Mexticacán, Jalisco. Diciembre del 2003.


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