RANCHO OLVIDADO.


Abandonadas las casas
una tras otra se fueron rindiendo al peso de la tristeza,
a la erosión del olvido
y al deslave de la soledad.

Bajo sus escombros,
hay una historia familiar,
a la que si prestas atención
te hablara de sueños y desencantos
y una promesa de volver no cumplida.

Los que se fueron hablaron de una mejor vida,
sin tanto trabajo
y mayor compensación,
un mundo donde los sueños eran realidad,
podías comprar, tener y hasta regalar,
sólo tu tierra debías abandonar.

Y una nueva oleada de hombres se alejó
y tras ellos otra y otra.

No los culpes, rancho viejo,
aunque los hayas visto nacer,
todos los hombres buscan su destino,
en donde les resulta más fácil su camino.

¿Quién quiere sufrir,
quién quiere languidecer o padecer?,
por ser fieles a sus muertos que aquí enterraron,
a los ancianos que abandonaron,
a la historia personal que de tajo cambiaron
o esas lomas pardas y hurañas
que año tras año sembraron,
con las que temporal tras temporal pelearon.

Los niños conforme crezcan ya los alcanzarán,
las mujeres trabajarán
y a los ancianos cuidarán.

El regreso vive siempre en la mente de quien se fue,
pero tendrá que ser un regreso triunfal:
con dólares y camioneta,
ropa vaquera y un acento agringado al hablar.

Con mucho de que platicar,
más espero que regrese,
cuando todavía le quede alguien a quien presumir,
pues su rancho está por morir.

Octubre del 2004. Mexticacán, Jalisco.


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