REVOLUCIÓN DE CONVENIENCIA.

Las puertas se han cerrado,
los callejones están bloqueados,
los caminos delimitados,
los espacios, tiempos y maneras no dan para más.

La desesperanza,
acicateada por el agravio,
la desigualdad y la injusticia no dejan otra medida:
la lucha por encontrar la salida,
aunque en ello vaya la vida.

Los agravios y la cerrazón
solo dejan espacio a la confrontación
que promete cambiar la situación desesperada.
De libertad, democracia e igualdad se habla sin cesar.
Son banderas izadas por aquí y por allá.
Se escucha un estallido,
preámbulo de una larga y oscura noche sepulcral
teñida de sangre, fuego, venganza y oportunismo.
La revolución triunfa a un alto costo de vidas,
destrucción y dolor
y con la simiente de una nueva división.

Dirigentes se decían unos,
traicionados se decían otros.
Los más permanecen en su lugar:
asustados, mirando, esperando,
llenos de halagos por ser el pueblo,
las masas, la soberanía
y el sentido de la revolución social.

Reciben las promesas de siempre,
con frases rimbombantes,
baños de demagogia,
terapias de manipulación
y el anuncio del arribo de sus nuevos líderes:
los históricos, los legítimos, los salvadores de la patria.

Dirigentes carismáticos, comprometidos, honorables
e infalibles timones de la revolución se hacen llamar.

Se dicen líderes populares
creen saber lo que el pueblo piensa, expresa y quiere,
por eso señalan con insistente efusión:
que con ellos basta,
no necesitan de leyes, instituciones, elecciones o partidos,
pues son instrumentos inventados por los enemigos de la revolución.

Líderes que se van constituyendo indispensables en el imaginario popular.
Hombres de bronce y esperanza,
que sustituyen pesos y contrapesos,
leyes y normas
para quedar solos con la voz del pueblo,
que a su decir es su voz, su conciencia, su ley y juicio final.

Los años pasan y las cosas en sustancia no cambian,
las condiciones que originaron la revolución
aparecen agravadas por una desenfrenada ineficiencia y corrupción.

Pobreza, libertades conculcadas, leyes de papel,
democracia secuestrada y la esperanza regateada
es lo que se respira a granel.

El ciclo de violencia está por reiniciar.
Y así, hasta la eternidad,
mientras las instituciones no se hagan respetar
y todos se sujeten al pacto  de respeto,
progreso, democracia y bienestar social.
Agosto del 2006. Salamanca, España.


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