SEMBRADOR DE NADA.

Qué sucedía cuando construía mis sueños,
por qué me mentía
creyendo que estaba en lo correcto,
que en lo seguro mi refugio emocional levantaba.
Si bien sentía que no era fácil,
cómo fue que ignoré las advertencias,
cómo fue que proseguí cual si no nada pasara.
Ahora, la verdad no puede ser más descarnada:
sembré en el vacío,
en la nada.

Cosecho aire que se me escapa de entre los dedos y
las profundas exhalaciones del alma,
que esperan entregar el último aliento
para quedar en el sin sentido:
Sin sueños, compañía,
deseos o vida.

Pero también sin la rabia de sentirse mal amado,
mal correspondido,
profundamente dolido.
Pero, finalmente, vacío.

Cómo explicar el vacío,
si es abismo en la nada
y la nada es como si no existieras,
viviendo conciente de ello.

Cómo aceptar que lo que perdí fue el futuro,
que me lo quita tu ausencia,
porque lo que hice,
lo que levante
fue con la amalgama del nosotros,
no del yo.
He aquí mi error,
pensé que hablaba por los dos.

Octubre del 2005. Guadalajara, Jalisco.


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