TENGO LAS PALABRAS.

Mi mundo es la palabra,
soy lo que pienso,
hablo o escribo.

Soy memoria,
soy lo que sé
y lo que sé,
es por el don de la palabra.

La palabra me humaniza,
es puente en la vida,
ventana al mundo
y escalera a mi interior.

Tengo a las palabras por fuerza vital
que me permiten comprender
y expresar lo que soy,
hilvanar pasado y presente
y el futuro esbozar,
como centro de mi conciencia existencial.

Tengo las palabras para la vida exaltar,
soñar, recordar, compartir, proyectar y sentir.

Tengo las palabras para descifrar los mensajes de la luna,
las estrellas, los cometas y la mar.

La palabra escrita o hablada
llena a satisfacción: ocio,
soledad, reflexión y cotidianidad.

La palabra escrita me preserva del tiempo,
la palabra hablada me ennoblece,
cuando con verdad la pronuncio
y me consume cuando mal la uso.

La palabra que interroga me lleva a la libertad,
expande mi mundo
y da paso al libre pensar y actuar.

La palabra honesta busca la verdad,
la certidumbre y credibilidad.

La palabra con bondad
se propone levantar el ánimo en que estás.

La palabra crea y recrea la amistad y la pasión,
define el mundo exterior y despierta la imaginación.

La palabra requiere hablarse con propiedad y sinceridad.

Las palabras bien nacidas embellecen,
dan aliento, aligeran el tiempo,
describen el momento y mi estado emocional.

Junio del 2005. Guadalajara, Jalisco.


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