VALORES ENTENDIDOS.

Ya amaneció,
me lo dice la claridad de tus palabras,
se está oscureciendo,
lo presagio en el tono de tu voz.

La noche se agranda,
como el espacio en el lecho entre tu cuerpo y el mío.

La monotonía se rompe
cuando llegamos a la cita imprevista,
en el lugar no acordado
con los deseos sincronizados.

El frío se prolonga tanto como tu ausencia.

La angustia dura lo mismo que tu silencio.

Salgo del estado de coma
cuando entro al calor de tu cama.

El hastío se esfuma cuando nos fumamos la vida,
nos bebemos el tiempo
y nos degustamos uno al otro.

La gloria obtengo
cuando veo en tus ojos entrecerrados
el reflejo del cielo y el sosiego de un mar profundo,
que entre azul y verde,
denuncian cuanto te amo.

La serenidad somos tú y yo,
fuera de nuestros cuerpos,
flotando en la nube de la satisfacción.

El infierno somos tú y yo,
aferrados a nuestros cuerpos,
montados en las olas de un mar embravecido
que se llama incomprensión.

El aroma de tu cuerpo marca el ritmo de mi respiración.

Tu cuerpo es la extensión de mi frontera corporal.

Junio del 2005. Guadalajara, Jalisco.


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