VENTANITAS.

Ventanitas pueblerinas
que no dejan de mirar,
ventanitas que dejan poco a poco el bullicio entrar
de las gentes y las bestias en su andar.

Ventanitas por donde furtiva ingresa la luz
que se pierde en la grisura del adobe
y la entereza de sus moradores.

Ventanitas por las que escapa el canto esperanzador,
el rezo de resignación,
el llanto de la leña
y el crujir de las llamas.

Ventanitas de ranchos y caseríos
que se niegan cerrar sus ojos
y sus hojas remachar
para dejar de hablar,
pues tienen mucho que testimoniar,
del México rural que se nos va.

Ventanitas de madera,
carcomidas por el tiempo
de extraña estética por su antigüedad.

Ventanitas que retratan la pobreza de sus dueños,
la timidez de sus mujeres,
su extrañeza a lo ajeno,
la querencia a su suelo
y el poco espacio que a la esperanza
y a lo nuevo dejan.

Agosto del 2005. Acasico, Jalisco.


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